jueves 27 de marzo de 2008

Plaza Hijo de Puta

Resulta inconcebible, dentro de la ética y la moral, dentro de la propia dignidad personal, pasear por ciertas calles y plazas del País Vasco dedicadas a etarras, dedicadas a asesinos, cobardes y canallas.

Imagínense para los cientos, miles de víctimas del terrorismo que, diariamente, tienen que atravesar esas calles y esas plazas, porque quizás sean su pueblo, o porque quizás, incluso, para más inri, vivan en esas calles o vivan en esas plazas. Debe ser horrible escribir o mandar un paquete con la dirección del asesino de tu padre, de tu marido, o de aquel amigo al que los descerebrados se llevaron por delante, por el simple hecho de hacer, según PNV, una política moderna.

El nacionalismo vasco gobernante lleva a esto. El nacionalismo vasco gobernante lleva consintiendo durante años la exaltación al terrorismo más exacerbado, a los malditos héroes vascos, los gudaris de mierda y de tiro en la nuca, imponiendo el recuerdo canalla de una calle, una plaza, o un parque al terrorista de turno, al asesino de la patria. Me río yo del concepto de patria de esta gentuza.

Mientras se aprueban leyes nacionales para eliminar las nomenclaturas de la dictadura, los monumentos al franquismo, y todo aquello que tenga que ver con la ya cansina memoria histórica, el colectivo de víctimas de ETA, los familiares de los asesinados, los hijos de los muertos, asisten impotentes a cómo perviven en el País Vasco las calles y plazas que recuerdan a los miembros de la banda terrorista.

Localidades como Hernani, Zizurkil, Etxarri-Aranatz, Lejona, Durango, Amorebieta, Arrigorriaga, Elgueta, Alegría, Llodio, y un largo y maldito etcétera, rinden su particular homenaje de mierda a militantes hijos de puta de ETA como Argala, Txikia, Pana, Txiki, Otaegi, Etxebarrieta... entre otros.

La plaza del Ayuntamiento de Durango, ¡¡¡ la Plaza del Ayuntamiento !!!, por ejemplo, está dedicada a dos de los últimos fusilados por el franquismo, en septiembre de 1975: los gudaris, según reza el nombre oficial, Jon Paredes, alias Txiki, y Ángel Otaegi. Fueron fusilados por los franquistas y son los etarras más recordados en el callejero del País Vasco, pues tienen plazas además en Etxebarri y Amorebieta.

En Lejona, por otro lado, una avenida lleva el nombre de los hermanos Xabi y Joseba Etxebarrieta. El primero, Xabier, ha pasado a la historia por ser el autor material del primer asesinato cometido por ETA: el guardia civil José Pardines, a quien remató en el suelo tras dispararle una primera vez (merecedor de una avenida en un pueblo vasco, claro...). Ese mismo día, tras ocultarse unas horas en una iglesia de Tolosa, murió en un tiroteo con la policía.

Durante años, hasta que por fin fue retirado en el 2004 gracias a las protestas del Colectivo Basta Ya, Bilbao también acogió un busto en recuerdo de este mal nacido, un icono para la izquierda abertzale, un auténtico mártir, un santo varón por los cojones... Concretamente estaba en la calle Urretxindorra del barrio de Otxarkoaga. Cuántas veces pasarían por allí familiares víctimas del terrorismo, teniendo que soportar la sensación de impotencia, la rabia en los dientes, las ganas de cagarse en los muertos de todos los nacionalistas consentidores de la barbarie.

En Hernani, un parque infantil cercano al casco viejo lleva el nombre de otro hijo de puta, el sanguinario etarra José Manuel Ariztimuño, Pana. Una de las víctimas de esta inmundicia humana es el comandante Jesús Velasco, al que asesinó en 1980 delante de sus hijas. Se le recuerda con un parque infantil... al etarra claro, no iba a ser al asesinado, no?.

En Zizurkil, una pequeña localidad de 3.000 habitantes cerca de San Sebastián, hay dos plazas con nombres de etarras. Joseba Arregi, miembro del comando Madrid, y José Luis Geresta, alias Totto, del comando Donosti. Los lugareños pasean por ellas como si pasearan por la Plaza de la Libertad, o la Plaza de la Alegría, también situadas en el mismo pueblo. El tal José Luis Geresta de los cojones no fue un alcalde solidario, ni un humilde misionero que entregara su vida por alguien. Simplemente fue uno de los asesinos de Miguel Angel Blanco en julio de 1997, aquel concejal de Ermua. Simplemente...

En Navarra, por poner un último ejemplo, en la localidad de Etxarri-Arantz, se nombró hijo predilecto a Vicente Nazábal, no por salvar la vida de nadie, precisamente, sino por todo lo contrario: asesinó al alcalde de Pamplona Jesús Ulayar. En su honor, en el del etarra nuevamente, faltaría más, una placa en la plaza mayor del pueblo recuerda que tienen un glorioso hijo predilecto, no lo olvidéis, paisanos.

El nacionalismo vasco sigue consintiendo impunemente estas manifestaciones de terrorismo silencioso. Lo funesto de todo esto es que, seguramente, por el camino que vamos, no serán estas las únicas calles y plazas que recuerden la memoria de tantos cabrones.

Y Gora PNV, que maldita sea la "gora" en que nacieron...