sábado 29 de marzo de 2008

De Finlandias y Estocolmos

Este mail, que me permiten ustedes, sea la hora que sea, se lo debo, y se lo dedico también, por supuesto, a uno de mis queridísimos clientes del Corte Inglés. Yo no sé si ustedes se han parado alguna vez a contemplar a estos especímenes que se presentan allende las puertas que se abren y se cierran, y que, con solo atravesarlas, ya se suben al mambo de los mambos. Ya somos la cultura in person, ya somos el no va más de los no va mases porque, sin ir más lejos ni más cerca, acabamos de atravesar las puertas que se abren y se cierran del susodicho Corte Inglés. Ya somos la repera, con el rabito incluido, que sería rerabito en este caso. Ya somos más monos que los monos, aunque le duela a Tarzán reconocerlo.

Esta misma tarde se me presenta en el mostrador un cliente completamente indignado, echando humo por los cuatro costados, con ese sofoco propio de quien ha puesto los pies en este santo lugar y acaba de percatarse de que no logra que nadie le bese dichos pies, benditos sean, amén de haberse cortado concienzudamente las larvas de mejillones de los dedos. Con toda la sutil verborrea con la que nos suelen adular nuestros amables clientes, me lanza al mostrador, al más puro estilo jabalina olímpica, cinco guías de viaje de Finlandia.

- Caballero - comienza a decirme, amparado tras el humo del sofoco que empieza a inundar la estancia - me parece indignante que una firma como el Corte Inglés (detengo por un momento el diálogo para decirles que todas las reclamaciones recibidas en el Corte Inglés empiezan siempre de la misma manera: me parece indignante que una firma como el Corte Inglés...), pueda ofrecer a sus clientes estas guías de viaje.

En ese momento se producen los cinco segundos de silencio de rigor en los que nuestro distinguido cliente busca con la mirada la atención de medio Corte Inglés para sí mismo. Es su momento de gloria, es su momento pseudo-borbónico en el que, por fin, tras años de entrenamiento exhaustivo, de concentraciones psicobudistas y contactos sobrenaturales con el más allá, con el más acá, con planetas aún desconocidos para los pobres ignorantes que sólo pisamos el Corte Inglés para trabajar, ha llegado hasta el mostrador de un departamento del Corte Inglés para interponer una reclamación.

El cliente logra su objetivo. Especímenes de su misma raza se acercan o posan la mirada en la conversación. Nadie sabe de qué va la cosa, pero todos asienten con la cabeza murmurando: 'Es verdad... hay que ver... que poca vergüenza... madre del amor hermoso...'. El humo del sofoco comienza a ser denso. La tensión más que palparse se esconde incluso detrás del mostrador.

- Caballero - comienzo a decirle yo - tanto esta firma del Corte Inglés, como usted dice, como todas las demás firmas que se dedican a vender libros, ofrecen a sus clientes estas guías de viaje. ¿Le importaría especificarme más concretamente el motivo de su queja?

Estas son las palabras que se suelen usar con distinguidos clientes como el que nos ocupa. Estas palabras, para quien no las haya entendido, bien se podrían traducir por las siguientes:

- Amo a vé, lo primero los libros se los tiras a tu hermana en el papo, sobre todo en el lado izquierdo, que es donde menos se lo lava, y segundo, dejate ya de soltar tantos cojones, anda, que le llamo caballero principalmente porque no le conozco, si no me cagaba en sus muela...

Escojan ustedes la opción preferida...

Nuestro distinguido cliente vuelve a echar una miradita a su alrededor. Se siente grande, ha crecido tres metros a lo alto y quince a lo ancho, le aprieta el ombligo en la camisa, se atusa el pelo engominado y se paladea con la yema de los dedos las patillitas a lo jerezano thyssen-bornemizsa.

- Míralo tú mismo - ha crecido tanto en altura y en anchura que se permite el lujo decimonónico de pasar del consabido usted al tuteo más subversivo - En estas guías de Finlandia no viene dedicada ni una sola página a su capital. Me parece indignante que vendan ustedes estas guías de tan poca calidad, una firma como el Corte Inglés, por favor... - nuestro distinguido cliente vuelve a coger las guías y lanzarlas de nuevo al mostrador, las abre, las cierra, evidentemente con menos elegancia que Tarzán pidiendo un Termagil en una Farmacia, y las vuelve a lanzar sobre el mostrador - Míralo, unas guías de Finlandia que no dedican ni una página a Estocolmo ... una firma como el Corte Inglés, por favor,

... ...
... ... ...
... ... ...
... ... ... ... ...
¿Estocolmo?

Guías de Finlandia de tan baja calidad que no dedican ni una sola página a su capital, Estocolmo...

¿Finlandia?, ¿Estocolmo?...

¿Y Helsinki?, ¿una pedanía de Cuenca?, ¿o un barrio de Murcia?

¿Estaremos soñando, asistiendo a un acto de reencarnación borreguil de un burro-taxi?, ¿Estocolmo?, ¿Helsinki?,

bueno... tenemos claro que Madrid al menos sí es la capital de España, todavía, no?,

¿me da tiempo de llamar al consulado finlandés y preguntar por estocolmo?

Nuestro distinguido cliente sigue con su diatriba. Pero ya nadie lo oye. Todos los allí congregados nos miramos. En esas miradas viajan todas estas preguntas: ¿Estocolmo?, ¿Finlandia?, ¿guías de viaje de baja calidad?, ¿quién será el primero que le diga a este distinguido cliente que la capital de Finlandia sólo es Estocolmo para él y quizás para cuatro o cinco chiquillos más de párvulo?.

Nuestro distinguido cliente vuelve a mirar a su alrededor. Se siente vencedor, se siente henchido del poder que otorga tocar las maracas en una orquesta, nota como le sube desde sus pies una ola de orgullo varonil, una marea de cultura geográfica altamente cualificada, imposible de alcanzar para los pobres mortales que asistimos a su auto-entronización.

Pero es ahí donde el librero debe mostrar su lado más humano, su vocación de misionero cultural. Es ahí donde el librero asume su función de amor al prójimo, su celibato literario, y tomando las cinco guías esparcidas por el ancho mar de la disputa, ordenándolas de mayor a menor medida, sin apartar la mirada de su distinguido cliente, en un alarde de fino altruismo de centro comercial y de enorme cariño y ternura , le responde sosegadamente:

- Caballero, las guías de viaje de Finlandia que ofrece la firma del Corte Inglés son de tan alta calidad, que en ellas se especifica que la capital de Finlandia no es Estocolmo, sino Helsinki.

Y dándose la vuelta, con el fin de dejar a nuestro distinguido cliente abandonado en la profundidad de su ego, rememorando los años en la universidad donde Estocolmo, por razones bien obvias, seguía siendo capital de Suecia y no de Finlandia, el librero recorre el pasillo de la librería para devolver a sus estantes las únicas y genuinas guías de viaje en las que aparece Helsinki como capital de Finlandia, y no Estocolmo.